Soy Sara Alonso. Puede que no te venga mal saber que hice la carrera de Ciencias Físicas en la especialidad de Física Fundamental porque quería ser profesora en Secundaria. Así de claro.

Hice este blog para mis estudiantes pero puede que hayas aterrizado aquí por otras razones. Da igual. Eres bienvenido/a.



domingo, 15 de abril de 2018

Serendipia


En @hypatiacafe hoy se publican textos basados en una palabra que me encanta: serendipia. Me estreno con un pequeño relato.
Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Lo que sigue es una interpretación personal de un hecho histórico. Espero que les guste.
* * * * *
 “El juguete de Stephan”
“Stephan lloró mucho la noche anterior. Tenía dos años y no les dejaba dormir bien. Cuando Friedrich despertaba de madrugada por el llanto de su hijo le costaba volver a conciliar el sueño. Iba a su habitación, le hablaba, le tranquilizaba y cuando el niño volvía a soñar era el padre el que era incapaz de dormir de nuevo.
El día anterior Stéphanie, su mujer, había pasado con el pequeño Stephan todo el día y Friedrich ni se planteó que fuera ella la que se levantara para calmar a su hijo.
Esa última noche Friedrich decidió no regresar a la cama porque sabía que sería incapaz de descansar. Tenía muchas cosas en la cabeza. Demasiadas incógnitas respecto a ese compuesto cuya estructura desconocían. Quiso ir a su despacho y montar el tren de juguete que había comprado para Stephan, un trenecito de madera que se deslizaba sobre un carril. Comprobó que todo funcionaba. Parecía una pequeñita serpiente ondulante que se movía periódicamente. Seis vagones enlazados que regresaban al punto de partida una y otra vez. Le hacía tanta ilusión ir preparando juguetes para el pequeño Stephan que pensó que aunque no volviera a dormir esa noche en ese justo momento era tremendamente feliz.
El calor de la chimenea y su cansancio acumulado provocó que cayera dormido. En sueños veía ese tren dando vueltas y vueltas en un ciclo perfecto y ordenado. Al despertar sonrió. El benceno le pareció tan sencillo como ese hermoso juguete.  Era 1865 y en ese instante Friedrich August Kekulé pensó que su mujer y su hijo le habían cambiado la vida.”
* * * * *
Algunos datos de este relato son completamente reales, otros no. Dejaré que mis estudiantes investiguen un poco al respecto como tarea voluntaria. Y no, no entrará en el examen. ¡Muchas gracias por leerme!

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