Este blog nació para tener una vía más de comunicación con mis estudiantes de Secundaria. Al final se ha convertido en otro lugar para expresarme y compartir mi mundo. Sea lo que sea lo que te trajo aquí, gracias por leerme.



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martes, 15 de mayo de 2018

Carta que nunca existió #PVenfermedad


En @hypatiacafe se dedica el mes de mayo a escribir sobre la palabra “enfermedad”. A veces, las enfermedades sacan a relucir lo mejor de las personas. Y de eso quería escribir.
Lo que sigue es una carta que nunca existió pero, como ya se imaginan, cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Espero que les guste.
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Carta que nunca existió

Manchester, 13 de enero de 1844

Estimado Joseph:
El objeto de esta misiva es hacerle saber un deseo que he incluido en mi testamento. Usted es mi médico y confío en su profesionalidad.
Como sabe, hace ya 50 años que intenté describir mi enfermedad. Ahora, cuando soy un hombre viejo y cansado es cuando me dedico a pensar más y más en lo que dejaré tras mi muerte. Yo fui un maestro de escuela. Ese trabajo me parece uno de los más importantes del mundo. Quizás pueda seguir enseñando cuando ya no esté entre los vivos.
Mi enfermedad me hace ser alguien especial. Aún recuerdo cuando mis vecinos se escandalizaron por el color de mis medias o cuando pinté la hierba en un cuadro del mismo color que la gente aprecia la sangre. Eran muchas las situaciones que me hacían sentirme incómodo.
Mi hermano y yo tenemos el mismo problema en nuestros ojos. Están defectuosos. Mi hipótesis es que tanto mi hermano como yo hemos nacido con una anomalía en el humor vítreo. Creo que este medio es azulado en mis globos oculares en lugar de ser transparente como el de una persona con visión normal. Sí, doctor. Estoy casi convencido, pero a la vez soy un hombre de Ciencia y en ella nada es verdad hasta que se demuestra. El experimento es lo que valida una hipótesis. Experimente usted con mis ojos cuando yo ya no pueda usarlos.
Quién sabe si se podrá evitar este calvario a otras personas en el futuro. ¿No podría ser la solución algo tan sencillo como encontrar unas lentes como las que llevo? Estas lentes redondas y ligeras me permiten ver con absoluta normalidad. ¿No podría existir pues un instrumento que corrigiera este defecto?
Puede que se me recuerde por mis sencillos dibujos de los elementos o por mis ideas sobre el átomo pero, sin embargo, nada me haría sentir más orgulloso que los descubrimientos que pueda hacer usted con mis ojos. Se los encomiendo. En mi autopsia deseo que usted experimente con ellos.
Es la voluntad de un hombre de 78 años y espero que se respete.
Un saludo afectuoso,
John Dalton
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Y ahora llega el momento de la propuesta de investigación voluntaria a mis estudiantes de la ESO. Aquí van algunas sugerencias posibles:
¿Se conservan los ojos de Dalton en algún lugar? Si es así, ¿dónde? Dalton estaba confundido en la causa de su enfermedad ¿por qué? ¿Es muy descabellado pensar en unas gafas que permitan la visión normalizada de los colores? ¿existe algún prototipo actualmente?
Cualquier dato que puedas averiguar y compartir en clase será bienvenido.
Hasta la próxima.Gracias por leerme.


domingo, 15 de abril de 2018

Serendipia


En @hypatiacafe hoy se publican textos basados en una palabra que me encanta: serendipia. Me estreno con un pequeño relato.
Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Lo que sigue es una interpretación personal de un hecho histórico. Espero que les guste.
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 “El juguete de Stephan”
“Stephan lloró mucho la noche anterior. Tenía dos años y no les dejaba dormir bien. Cuando Friedrich despertaba de madrugada por el llanto de su hijo le costaba volver a conciliar el sueño. Iba a su habitación, le hablaba, le tranquilizaba y cuando el niño volvía a soñar era el padre el que era incapaz de dormir de nuevo.
El día anterior Stéphanie, su mujer, había pasado con el pequeño Stephan todo el día y Friedrich ni se planteó que fuera ella la que se levantara para calmar a su hijo.
Esa última noche Friedrich decidió no regresar a la cama porque sabía que sería incapaz de descansar. Tenía muchas cosas en la cabeza. Demasiadas incógnitas respecto a ese compuesto cuya estructura desconocían. Quiso ir a su despacho y montar el tren de juguete que había comprado para Stephan, un trenecito de madera que se deslizaba sobre un carril. Comprobó que todo funcionaba. Parecía una pequeñita serpiente ondulante que se movía periódicamente. Seis vagones enlazados que regresaban al punto de partida una y otra vez. Le hacía tanta ilusión ir preparando juguetes para el pequeño Stephan que pensó que aunque no volviera a dormir esa noche en ese justo momento era tremendamente feliz.
El calor de la chimenea y su cansancio acumulado provocó que cayera dormido. En sueños veía ese tren dando vueltas y vueltas en un ciclo perfecto y ordenado. Al despertar sonrió. El benceno le pareció tan sencillo como ese hermoso juguete.  Era 1865 y en ese instante Friedrich August Kekulé pensó que su mujer y su hijo le habían cambiado la vida.”
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Algunos datos de este relato son completamente reales, otros no. Dejaré que mis estudiantes investiguen un poco al respecto como tarea voluntaria. Y no, no entrará en el examen. ¡Muchas gracias por leerme!